¡Que se vaya tu madre!

Durante esta semana me he visto envuelta en un diálogo muy activo sobre la islamofobia y el racismo.

En el texto que escribí sólo hace unos días les contaba sobre la elección de algunas personas euroescépticas y otra que está en contra de los musulmanes para cargos en el nuevo gobierno y en el parlamento de Finlandia.

El domingo por la tarde hice una síntesis de ese escrito en mi diario en finés. En dicho escrito preguntaba, por ejemplo, al Primer Ministro de Finlandia, sobre la incongruencia de esa elección de cargos con lo escrito en el programa de gobierno sobre la intolerancia hacia el racismo. Además, las ideas de esas personas, en cargos políticos de importancia,  están en contra del espíritu de la Carta Magna de Finlandia.

Aún no he recibido respuesta de tan distinguida persona. Eso sí, el artículo despertó mucho interés en la opinión pública a tal extremo de que un eurodiputado de los así llamados “Finlandeses Verdaderos” dio a entender que si no estaba de acuerdo con la persona elegida como presidenta del parlamento que podría irme, al igual que los somalíes, a Somalia. Es que para este señor los somalíes son como una espina en su zapato.

Claro que debía reaccionar y dejar claro que este señor y sus amigotes que tanto enarbolan la bandera de la libertad de expresión, se molestan cuando se les critica. Es decir que para ellos, la libertad de expresión es solamente para los que opinan de la misma manera, como en los sistemas totalitarios. No he calculado el número de mensajes que he recibido. Hablo de decenas de ciudadanos finlandeses que me apoyan y estimulan a seguir luchando a favor de principios como la libertad de expresión, libertad de culto y el derecho de todos los ciudadanos de expresarse independiente del lugar donde hayan nacido.

Finlandia, sigue la tendencia de los demás países industrializados, donde la población envejece y se necesita mano de obra activa y calificada para enfrentar los retos económicos. Muchísimos inmigrantes, como yo, han estudiado, trabajado, formado familia, abonado sus impuestos, entregado su sudor, lágrimas y hasta su amor por esta sociedad. Es pues absurdo decirle a los inmigrantes que trabajamos y construimos esta sociedad que tomemos nuestras maletas. En el diario en finlandés, una señora escribió que “si le dicen a Ana que se vaya de Finlandia, se lo dicen a todos los inmigrantes como ella y en ese caso también yo, ciudadana finlandesa nacida en Finlandia me iría con ellos. Finlandia perdería mucho”.

La verdad que me han impregnado de coraje esas palabras, al igual que todas los hermosos mensajess de apoyo que he recibido. Ahora con toda seguridad  vine a escribir un poco sobre eso que ha sucedido y no encontré otras palabras más acertadas para el título de este escrito que las palabra de Leonel Rugama. Solamente cambiando el “que se rinda tu madre” por el “que se vaya tu madre.”

El 15 de enero de 1970 murió en Nicaragua el joven poeta Leonel Rugama. Rugama pertenecía al Frente Sandinista de Liberación Nacional y desde la clandestinidad luchaba contra la dictadura de Anastacio Somoza. Rugama y sus hermanos de lucha fueron atacados en una casa de seguridad en Managua. Murió luchando contra un batallón del Ejército Nacional de Nicaragua. Dicen que cuando los guardias le gritaban que se rindiera, Leonel Rugama les contestaba: ¡Qué se rinda tu madre!

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